Rolf Dieter Brinkmann

Die Orangensaftmaschine

dreht sich & Es ist gut, daß der Barmann
zuerst auf die nackten Stellen eines
Mädchens schaut, das ein Glas kalten

Tees trinkt. "Ist hier sehr heiß,
nicht?" sagt er, eine Frage, die
den Raum etwas dekoriert,

was sonst? Sie hat einen kräftigen
Körper, und als sie den Arm
ausstreckt, das Glas auf

die Glasplatte zurückstellt, einen
schwitzenden, haarigen Fleck
unterm Arm, was den Raum

einen Moment lang verändert, die
Gedanken nicht. Und jeder sieht, daß
ihr's Spaß macht, sich zu bewegen

auf diese Art, was den Barmann auf
Trab bringt nach einer langen
Pause, in der nur der Ventilator

zu hören gewesen ist wie
immer, oder meistens,
um diese Tageszeit.

La máquina de zumo de naranja

gira & es bueno que el barman mire
primero las partes desnudas de una chica,
que bebe un vaso

de té frío. « Mucho calor aquí,
¿verdad?”, dice él. Una pregunta
que decora un poco el sitio,

¿qué si no? Ella tiene un cuerpo
robusto y,  al estirar  el brazo
para  poner de nuevo

el vaso en la placa de vidrio, una
mancha sudorosa, peluda bajo el
brazo, lo cual por un momento

modifica el sitio, pero no los
pensamientos. Y todos ven que
ella disfruta moviéndose

de esa manera, lo cual da  vidilla
al barman, después de
una larga pausa, en la que sólo

se ha podido oír el ventilador,
como siempre, o casi siempre,
a estas horas del día.

Un observador (casi) infalible de lo cotidiano: Rolf Dieter Brinkmann (1940-1975)

"De eso hace ya bastante tiempo. Fue en el otoño de 1968, en la Academia de Bellas Artes de Berlín. “Los escritores discuten con sus críticos”, era el lema de una serie de encuentros de bastante éxito por aquel entonces. Estábamos en el estrado, Brinkmann y yo, pero él no quería discutir. Lo que quería era un escándalo, el cual no tardó en producirse: nada más comenzar, Brinkmann me dijo a gritos que él no tenía nada que hablar conmigo. Que lo que tenía que hacer era conseguirse una ametralladora y acribillarme.

¿Qué le había hecho yo a Brinkmann? ¿Quería él – a quien yo acababa de ver por primera vez en persona poco antes del encuentro- vengarse por alguna crítica despiadada de mi parte? No. El asunto era muy distinto, más bien todo lo contrario. El creía deberme gratitud porque yo le había descubierto, le había elogiado y ensalzado en varias ocasiones y él, por lo visto, no acababa de encajar ese reconocimiento (...)

Brinkmann era un poeta irresponsable de sus actos. Pero era un poeta(...)

Desde un principio se jugó el todo el por el todo, sin compromisos(...)

Brinkmann le debe su lugar en la historia de la literatura alemana de postguerra a una novela de tema sexual, Keiner weiß mehr (Nadie sabe más) publicada en 1968. Es un trozo de prosa arrojado con insolencia, sin miramientos, y punzante como pocas novelas de los años 60. (...) Brinkmann mostró su sensibilidad artística precisamente al exponer al protagonista de esa novela a los estímulos y las crispaciones del mundo exterior, en suma, a la vida cotidiana de una metrópolis alemana. Lo cotidiano es también el tema central de sus poemas, valorados - a pesar de su frecuente descontrol y unilateralidad-como una contribución original e independiente a la poesía contemporánea. Después de su tercer libro de poemas, Gras (Hierba), publicado en 1970, Brinkmann enmudeció. All igual que muchos otros miembros de su generación, entró en una profunda crisis.

Su nuevo poemario, Westwärts 1&2, (Hacia el oeste 1& 2), publicado en 1975, anunciaba lo que parecía ser un nuevo inicio. Pero en abril de 1975 Rolf Dieter Brinkmann fue atropellado en el centro de Londres, probablemente por no fijarse en los coches que circulaban por la izquierda. Murió instantáneamente y la literatura alemana perdió otra de sus esperanzas".

Marcel Reich-Ranicki, Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung, 29.05.2005